lunes, 22 de enero de 2018

AQUÉL 23 DE ENERO DIA DE LA MAYOR TRAICION AL PUEBLO VENEZOLANO (Reportaje)








Cayó la dictadura perezjimenista, pero se estableció la represión del
"bipartidismo" adeco-copeyano durante más de 40 años


 En el devenir histórico existen momentos claves que se convierten en
fechas referenciales, una de esos hitos lo representa “el 23 de enero
de 1958”, con la salida esa madrugada del General-Presidente Marcos
Pérez Jiménez, tanto de Venezuela como del poder político que tan
férreamente manejaba con una alta dosis de tinte personalista.

Es una fecha que representa múltiples tareas inconclusas, una de ellas
son las interpretaciones de lo que se conoce como “El Espíritu del 23
de Enero”, siendo la más difundida, aquella que la cuarta república
“vendió la idea” de que estábamos en presencia del día en que el
pueblo organizado acompañando a sus legítimos dirigentes políticos y
el sector progresista de la institución castrense derrumbó al
dictador.

Ésta idea se masificó a lo largo de 40 años, en la cual las élites
políticas, nunca informaron que ese “espíritu” murió al nacer con el
tristemente célebre pacto de punto fijo que entre sus objetivos
principales eran :la alternancia en el poder por parte de AD y Copey,
la repartición de los “cargos claves” entre el ganador y el perdedor
de la elecciones y éste último respaldar la acción gubernamental y la
otra no menos importante, era garantizar la paz social, es decir: una
sociedad pasiva, minimización de los conflictos sociales, represión de
las protestas y todo disidencia era considerado “enemigo del sistema”
y la instauración de un régimen de democracia burguesa representativa.


José Vicente Rangel, en "Expediente Negro", escribe que durante la
llamada "democracia representativa" hubo más violaciones de los
derechos humanos que durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.
Agrega además que aunque es lo mismo el asesinato de un prisionero
político en dictadura o en democracia, en esta última resulta peor,
más despreciable e inmoral.

Y agrega que parte del método fue "el aislamiento de movimientos
populares de izquierda, después la represión sistemática y un
acallamiento terrible de todos aquellos agentes o factores
alternativos que hablaran de un proyecto parecido al cubano",

Pero, la caída de Pérez Jiménez no significó realmente la caída de la
tiranía, cayó la dictadura perezjimenista, pero se estableció la
represión del "bipartidismo" adeco-copeyano durante más de 40 años.
Fué una traición a las luchas y a los sacrificios del pueblo
venezolano, con la alianza de AD, COPEI, URD, y dejando de lado a los
comunistas.  Cuando el pueblo dio fin a la dictadura del general
Marcos Pérez Jiménez, cuyo régimen se caracterizó por desmanes
represivos y violación de los derechos humanos, los venezolanos no
sospechaban que en la etapa política que sobrevendría con la llamada
democracia representativa serían víctima, nuevamente, de prácticas que
vulneraron los derechos fundamentales.

 El historiador Alexander Torres considera que luego de la caída de
Pérez Jiménez, Acción Democrática (AD) traicionó el espíritu
libertario que caracterizó al movimiento popular, liderado por la
Junta Patriótica a la cual se incorporó la juventud adeca, presionada
por la necesidad de agitar las calles y promover el fin de la
dictadura.

La lista tiene muchos nombres más de seres humanos liquidados apenas
iniciado el camino de la "democracia representativa", que llegó con la
figura del máximo dirigente de Acción Democrática (AD), Rómulo
Betancourt, quien había estado en el exilio mientras la base de su
partido, aliada con los comunistas, conspiraba y luchaba contra el
dictador Marcos Pérez Jiménez.

Cuando ya Pérez Jiménez se encontraba en Estados Unidos, luego de
escapar en "La Vaca Sagrada" aquel 23 de enero de 1958, la Junta de
Gobierno, presidida por el vicealmirante Wolfgang Larrazábal, se
abriría a las clases burguesas con la entrada del empresario Eugenio
Mendoza, y los esfuerzos de la resistencia se vieron pronto opacados
por los líderes de los partidos de la derecha.



“LA VACA SAGRADA”

Cuando un solitario y ruidoso avión estremeció la silenciosa madrugada
caraqueña del 23 de enero de 1958 muchos supieron lo que aquello
significaba: Marcos Pérez Jiménez había huido de Venezuela, a bordo de
“La Vaca Sagrada”.

Avión Presidencial “La Vaca Sagrada”.

La Vaca Sagrada, es  un avión Douglas C-54 Skymaster cuatrimotor que
permanece  en exhibición en el Museo Aeronáutico de Maracay. LaVaca
Sagrada es el apodo que recibió el avión presidencial usado a
comienzos de los años 1950 por el dictador y entonces presidente de
Venezuela Marcos Pérez Jiménez y que logró notoriedad en el país
porque fue el avión que usó Pérez Jiménez y su familia cuando se se
vio forzado a abandonar el país con rumbo a República Dominicana
durante el Golpe de Estado de 1958 en Venezuela. No está claro cuándo
comenzó a ser llamado «La vaca sagrada», apelativo que probablemente
llevara desde su consignación como avión presidencial estadounidense.

 La Vaca Sagrada es un avión de cuatro motores Douglas C-54
“Skymaster” y fue el primer avión presidencial adquirido por el
gobierno venezolano, comprado por el entonces presidente de Venezuela
Rómulo Gallegos. Sin embargo, cuando el avión llegó a Venezuela en
1948, ya había sido derrocado Gallegos y es la Junta Militar de
Gobierno quienes hacen uso del avión. La aeronave, con registro
oficial “7-ATT”, se distingue además por llevar en ambos lados del
fuselaje dos escudos de Venezuela. Fue extensamente utilizada por el
dictador Marcos Pérez Jiménez en sus viajes por el país y por el
exterior. También fue utilizada para transportar hacia Barranquilla a
los insurrectos del fallido golpe militar el 1 de enero de 1958.

 No se compró otro avión presidencial en Venezuela hasta el gobierno
de Rafael Caldera, quien obtuviera un Avro 748 y luego, en los años
1970, durante el régimen de Carlos Andrés Pérez este compraría un
modelo más voluminoso, Boeing 737 serie 200 y luego durante el
gobierno de Hugo Chávez se adquirió un Airbus A319CJ en 2002.

El despege de La Vaca Sagrada no contó con el servicio nocturno de
balizaje, probablemente razón para que las baterías antiaéreas del
Ministerio de la Defensa en Caracas no entraran en acción ni lo
hicieran las naves que estaban en posición de combate en aguas de La
Guaira, incluyendo el destructor Brión. Otras versiones aseguran que
Pérez Jiménez, viendose derrotado, escribió un mensaje a la
Comandancia de la Marina, avisando de su exhilio y solicitando tiempo
para huir con su familia. El vuelo pasó por Curazao y luego enrumbó
hacia Ciudad Trujillo—nombre con el que se conocía en ese entonces a
la ciudad de Santo Domingo—.

Por ser propiedad de la Fuerza Aérea Venezolana, la nave  voló de
retorno al país y actualmente reposa en exhibición en los terrenos del
Museo Aeronáutico de Maracay).

El último dictador de nuestra historia política contemporánea había
abandonado el poder por la puerta de atrás. Se había puesto fin al
último período dictatorial militarista de nuestra historia reciente

Pero aquel suceso, aquella huida, titulada en grandes caracteres por
los periódicos de la época, no sólo significaba un vacío de poder,
sino que era el producto de un peculiar golpe de Estado, o por mejor
decir, había sido producto del empuje de una insurrección popular.

Por que a nuestro entender, y al de muchos especialistas antes que
nosotros, durante aquella fecha asistimos en nuestra historia
contemporánea al resultado inmediato de un estallido popular, al
empuje de una sumatoria de fuerzas políticas, sectores sociales y
gremiales, decisiones, convicciones y protagonistas individuales, que
condujeron al fin de la dictadura, de la represión desmedida, del
terror y del miedo.

23 de enero, 1958

El 23 de enero de 1958 fue el resultado final de una insurrección popular.

Las protestas, huelgas y actos de rechazo decidido a los sectores
populares, de la multitud hecha masa enardecida, superó las
expectativas de muchos dirigentes y observadores de la época.

La calle superó a las organizaciones y a las instituciones, por lo
menos en aquella coyuntura particular, que era, al mismo tiempo, el
final de un proceso político entrecruzados, y el inicio de una nueva
dinámica política y de esperanzas sociales en el futuro.

Sin querer jugar a las acomodaticias justificaciones del pasado, hay
que precisar sin embargo, que aquel 23 de enero también fue el
resultado de otras dinámicas que se deben conocer y valorar en
cualquier reconstrucción e interpretación histórica de aquel hecho.

Aquella huida de última hora había sido producto de la presión, el
enfrentamiento interno y las conspiraciones dentro de la propias
Fuerzas Armadas. Ya desde principio del año, con el alzamiento del
coronel Hugo Trejo, fue evidente la fractura dentro de la institución
armada. Las diferencias y presiones no harían sino aflorar y
evidenciarse en el resultado final.



No de otra forma puede entenderse la composición inicial de la Junta
de Gobierno, conformada durante la propia madrugada del 23 de enero,
integrada por militares, y que resulta fácilmente imaginable como
producto e la emergencia, la improvisación, el oportunismo y las
tensiones enfrentadas.

Aquella primera Junta de Gobierno estuvo conformada por el
Contralmirante Wolfgang Larrazábal, quien la presidía en razón de su
rango y antigüedad, los Coroneles Carlos Luís Araque (de la Guardia
Nacional), Pedro José Quevedo (Director de la Escuela Superior de
Guerra), Roberto Casanova, Abel Romero Villate y el Dr. Edgar
Sanabria, el único civil, que fungiría como secretario de la misma.

El nuevo gobierno era expresión y reflejo de la institución armada,
que se reacomodaba en el poder luego del resultado negativo de la
jugada personalista y el error político cometido por Pérez Jiménez con
el Plebiscito de diciembre de 1957.

Aquí surge una de las paradojas de aquella peculiar situación política
que propició la caída del régimen, la llamada unidad, el espíritu del
23 de enero. Los oficiales militares conspiradores del momento y los
representantes políticos de entonces no entraron a formar gobierno una
vez logrado el objetivo de aquella insurrección popular y militar, y
no cabe más que preguntarse ¿por qué?

El hecho es que el Alto Mando Militar y los empresarios fueron los que
condujeron aquel primer gobierno de transición hacia la democracia. Un
testigo y protagonista del momento, el periodista Eleazar Díaz Rangel,
ha llegado a afirmar al respecto:

“A la hora de la formación de Gobierno es de tal magnitud ese
movimiento que tanto su real dirección militar como la civil fueron
desbordadas, entre otras razones, porque ni una ni otra tenían real
noción del poder ni era su objetivo conquistarlo. No tuvieron acceso a
los altos niveles del Gobierno ni presionaron para alcanzarlos.

Otra cruel paradoja de la historia nos adelanta que quienes iniciaron
los esfuerzos políticos unitarios, terminarían siendo excluidos del
ejército y participación del nuevo gobierno implantado tras el 23 de
enero de 1958, por razones que luego comentaremos.

Pero el hecho es que los esfuerzos y la organización desplegada por la
Junta Patriótica desde la clandestinidad obtuvieron excelentes
resultados. La organización de mítines relámpagos, acciones de la
calle, publicación y distribución de panfletos y manifiestos,
finalmente conducirían a la huelga general del 21 de enero, verdadero
principio del fin de la dictadura.

A la distancia de más de  medio siglo transcurrido de aquellos hechos,
ciertos detalles aun nos siguen sorprendiendo e inspirando un profundo
respeto. El que fuera Presidente de aquella organización clandestina,
la Junta Patriótica, representante del partido URD, al mismo tiempo
que ejercía abiertas y muy expuestas actividades públicas como el
periodista del diario El Nacional, que además cubría la fuente
política de Miraflores. Nos referimos a Fabricio Ojeda.

Fabricio Ojeda fue uno de los fundadores de las
Fuerzas Armadas de Liberación Nacional

Fabricio Ojeda, maestro, periodista y diputado, estudioso de la
independencia de Cuba y admirador de la revolución cubana (que conoció
directamente en sus primeros meses, al residir un tiempo en Cuba en
1960), renunció a sus cargos en 1962 y se unió a las guerrillas. Ese
mismo año de 1962 apareció publicado en La Habana su libro “Presencia
revolucionaria de Martí”. Se hizo famosa su carta de renuncia como
diputado, de 30 de junio de 1962…

La historia señala que el 23 de enero de 1958 se culminó con una etapa
oscura de la historia nacional, en la que el pueblo careció de
libertades fundamentales. También hay que señalar que la democracia
real no comenzó entonces, pues la historia de opresión al pueblo
continuó durante los 40 años que siguieron al derrocamiento de Marcos
Pérez Jiménez, como lo prueban los numerosos testimonios de quienes lo
vivieron.

Hay que rescatar, “el espíritu del 23 de enero”, pero con un sentido
crítico, reflexivo y mirando hacia el horizonte, por la construcción
de un mundo posible en donde impere la mayor suma de felicidad posible
en nuestro maravilloso hogar que se llama Venezuela.


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