( Adriana Méndez)
EN LA ESPANTOSA MASACRE DE CANTAURA
NO TODOS LOS CAIDOS ERAN GUERRILLEROS
Hoy 4 de octubre se conmemoran 35 años de la masacre de Cantaura, para honrar a los 23 hombres y mujeres caídos en el campamento del Frente Guerrillero Américo Silva, que se ubicaba en el sector Los Changurriales, del municipio Pedro María Freites del estado Anzoátegui.
El 4 de octubre de 1982 a las 5.30 am, aviones Canberra y Bronco de la Fuerza Aérea Venezolana, cuatrocientos hombres de la Fuerza Armada Nacional y decenas de efectivos de la Disip procedieron a atacar un campamento donde 40 ciudadanos efectuaban una reunión del Frente Américo Silva del partido Bandera Roja, para ese entonces revolucionario. La reunión se efectuaba en un lugar conocido como “Los Changurriales de Evans”, cerca de Cantaura, en el estado Anzoátegui. ¡Fue una emboscada que acabó con la vida de hombres y mujeres de entre 16 a 30 años!
Es oportuno aclarar que entre los caídos en la brutal masacre de Cantaura había jóvenes procedentes de Caracas y otras partes del país, cuyos familiares aseguraron a los periodistas que habían salido de sus casas para participar en una reunión política, pero no eran, como pretenden afirmar algunos malintencionados, miembros de la ya casi extinta guerrilla venezolana.
Algunos de los capturados fueron asesinados a quema ropa, a las mujeres les mutilaron los senos a otros los descuartizaron o fueron rematados por los organismos de seguridad y represión del Estado Venezolano.
Investigaciones posteriores revelaron que este hecho fue una operación de exterminio, a pesar de que el movimiento guerrillero armado venezolano ya estaba prácticamente extinguido. Fue una delación.
Norberto Antonio Rebánales fue el traidor que lograron infiltrar en las filas del Frente Américo Silva antes de la masacre. La mejor prueba de esto es que, de los 23 cadáveres, 14 presentaban tiros en la nuca: habían sido rematados estando heridos. Un modus operandi que también se repitió en las masacres de Yumare, Caño Las Coloradas y el Caracazo.
Norberto Antonio Rebánales fue el traidor que lograron infiltrar en las filas del Frente Américo Silva antes de la masacre. La mejor prueba de esto es que, de los 23 cadáveres, 14 presentaban tiros en la nuca: habían sido rematados estando heridos. Un modus operandi que también se repitió en las masacres de Yumare, Caño Las Coloradas y el Caracazo.
Aquel horrendo genocidio fue llevado a cabo durante el gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campins, quien avaló la masacre llevada a cabo por la Disip, capitaneada por Henry López Sisco, quien se ufana de tener más de 200 muertos en su haber. Contó con el visto bueno del ministro de Relaciones Interiores de entonces, Luciano Valero, del gobierno estadounidense de ese momento, presidido por Ronald Reagan, y de los organismos internacionales, incluyendo a la Iglesia Católica. López Sisco hoy está imputado por la justicia venezolana pero huyó del país. Curiosamente a este nefasto personaje se le condecoró en la Alcaldía del Municipio Sotillo, pocos años después de su bárbara actuación en la Masacre de Cantaura.
Hoy habrá actos en “Los Changurriales de Evans” y en la plaza Bolívar de la capital del Municipio Freites, para conmemorar los 35 años de la “Masacre de Cantaura”


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