viernes, 6 de octubre de 2017

HACE 175 AÑOS MURIO LA HERMANA REALISTA DE EL LIBERTADOR

María Antonia Bolívar
HACE 175 AÑOS MURIO LA HERMANA
REALISTA  DE  EL  LIBERTADOR


El 7 de octubre de 1842, dos meses antes de que trajeran a Caracas los restos de su inmortal hermano, el 17 de diciembre de ese año, muere en Caracas, María Antonia Bolívar y Palacios, hermana mayor del Libertador Simón Bolívar. Con un carácter recio, siempre mostró afinidad por la causa realista, sin embargo tenía buenas relaciones con su hermano.
Su posición con respecto a los movimientos independentista era contraria a los ideales de su hermano. María Antonia Bolívar no fue partidaria de la Independencia. En 1813, mientras Bolívar desde Trujillo, lanzaba el Decreto de Guerra a Muerte ella escondía y protegía a consumados realistas en su casa en Caracas.
En 1814, cuando la capital estaba a punto de caer en manos realistas, Bolívar ordenó la evacuación de la ciudad. María estaba renuente a marcharse, pero su hermano logró persuadirla de que al caer Caracas no tendrían clemencia con ella. De este modo, huyó de Venezuela a Curazao, con sus hijos y con su hermana Juana. En 1816, desde Curazao, le escribió una carta al Rey de España donde le pedía que no la penalizara por llevar el apellido Bolívar, ya que ella seguía siendo fiel a la monarquía.
Vivió sus últimos años en una casa de hacienda, ubicada en Macarao. Luego de la muerte del Libertador, María Antonia dedicó su vida al hogar y a la administración de los bienes familiares. Mantuvo una relación armoniosa con su hermano el Libertador, a veces un tanto afectada por los negocios que ella le llevaba en Caracas, en particular el de las minas de Aroa; pero en general, Bolívar tuvo en alto aprecio los consejos y sentencias de María Antonia. 
En abril de 1825, Bolívar escribió, desde Lima, una carta a su hermana María Antonia, en los siguientes términos: 
Lima, Abril de 1825
Señora María Antonia Bolívar.
Escribe tú, de mi parte, a los encargados en el Norte de la educación del joven Fernando Bolívar, encareciéndoles el esmero con que yo quiero que se eduque a mi sobrino. Que aprenda las lenguas sabias y las vivas, matemáticas, historia, moral, bellas letras, etc. Un hombre sin estudios es un hombre incompleto. La instrucción es la felicidad de la vida; y el ignorante, que está siempre próximo a revolverse en el lodo de la corrupción, se precipita luego infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre.
Toma también mucho interés en que la hija de Juana de case bien, con un hombre patriota y honrado. Este es un negocio en que todos debemos pensar, porque la familia es un tesoro en que todos los de ella tienen interés. Ayúdala tú con tus buenos consejos de hermana, y procedan siempre con atención, que no hay más dicha ni desdicha, que prudencia o imprudencia. Yo no le escribiré a ningún juez sobre el pleito de Lecumberry, por más que tú te empeñes.
No quiero exceder los límites de mis derechos, que, por lo mismo que mi situación es elevada, aquéllos son más estrechos. La suerte me ha colocado en el ápice del poder; pero no quiero tener otros derechos que los del más simple ciudadano. Que se haga justicia y que ésta se me imparta, si la tengo. Si no la tengo, recibiré tranquilo el fallo de los tribunales. No te inquietes, sin embargo, que mis títulos son los mejores.
BOLIVAR

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