miércoles, 30 de noviembre de 2016

Originalmente no fue escrita para niños “LOS VIAJES DE GULLIVER” CRITICA A LA SOCIEDAD Y LA CONDICION HUMANA



Originalmente no fue escrita para niños
“LOS VIAJES DE GULLIVER” CRITICA A
LA SOCIEDAD Y LA CONDICION HUMANA

El 30 de Noviembre de 1667, nació en Dublín, Irlanda, el escritor satírico Jonathan Swift, cuya  obra principal es “Los viajes de Gulliver”, dividida en cuatro tomos,  que constituye una de las críticas más amargas, y a la vez satíricas, que se han escrito contra la sociedad y la condición humana. Aunque los libros estaban destinados a los lectores adultos, los niños encontraron en ellos un verdadero tesoro, un prodigioso juego entre la realidad y la fantasía.
Los viajes de Gulliver es una novela de Jonathan Swift publicada en 1726. Aunque se le considera una obra infantil, en realidad es una sátira de la sociedad de su tiempo y la condición humana, camuflada como un libro de viajes por países pintorescos, un género bastante común en la época.
¿De qué trata? Del capitán Samuel Gulliver, quien es llevado por el mar a mundos fantásticos en donde es un gigante entre enanos, un enano entre gigantes, y un ser humano avergonzado de su condición en una tierra poblada por caballos sabios que son más humanos que los propios hombres, y que desconfían de estos últimos.
Los viajes de Gulliver recuerdan de cierta forma aquellas travesías en donde la fantasía y el mito se unen para hablar sobre nuestra condición humana. De hecho, esta historia recuerda las hazañas de una pequeña “Alicia en el País de las Maravillas”, que rememoramos en días pasados en estos espacios,  o un Bastian en La historia sin fin, obras que también fueron un reflejo fantástico de la naturaleza humana.  
“Los viajes de Gulliver” tiene mucho en común con  “Robinson Crusoe”, y ambos relatos con Simbad de “Las mil y una noches”, puesto que son obras alimentadas por la fantasía e inspiradas en viajes y aventuras de fabuladores y náufragos empeñados en hacer creíble lo increíble, y en cuyas páginas llenas de vigor confluyen lo real y lo imaginario, la utopía y el reportaje.
Jonathan Swift captura con este libro el romanticismo que gobernaba la época, reflejado en la posibilidad de descubrir nuevos mundos que, de cierta forma, ayudaban a huir de las injusticias sociales que predominaban en el viejo continente. En “Los viajes de Gulliver”, el autor nos muestra cuán relativo es todo en este mundo y cuán estúpido llega a ser el individuo a través de su arrogancia y orgullo.

En su primer viaje, Gulliver es llevado a la costa por las olas después de un naufragio, y se despierta siendo prisionero de una raza de gente bastante pequeña,  se ve rodeado de hombrecillos que miden menos de seis pulgadas, y mientras unos le apuntan con lanzas, otros le lían con cuerdas que, alrededor de su cuerpo, parecen hilos de coser.

Gulliver, sin proponérselo, arribó a las tierras del emperador de Liliput, quien ordena construir una monumental plataforma para transportarlo hasta la capital del imperio.  En este país, se convierte en el favorito en la corte, parodia de la libidinosa casa  del rey Jorge I de Gran Bretaña.

En la capital de Liliput, donde los paisajes y personajes rompen los límites de la realidad, Gulliver es exhibido como el fenómeno del siglo: su voz es un trueno y su estornudo un huracán que hace volar los templos por los aires. Los liliputienses marchan por debajo de las piernas de Gulliver, quien los levanta en la mano como un niño lo hace con sus juguetes, y juega con los navíos de guerra del rey de Blefescu, los ata entre sí y los remolca hasta el puerto de Liliput, para así evitar la tragedia de una guerra. Al final, el monarca, como prueba de gratitud, le obsequia un bote gigantesco para que retorne a su tierra natal.

El barco Adventure es desviado por las tormentas y forzado a ir a una isla por agua dulce. Allí el grupo de desembarco es perseguido por seres de gigantesca estatura. Este juego de dimensiones relativas, aceptado por los niños desde todo punto de vista, se inicia cuando Gulliver, abandonado por sus compañeros, huye hasta un campo de cereal y allí es encontrado para después ser usado como objeto de diversión. La Reina de este país, al conocer a este pequeño hombre, queda fascinada por su personalidad. 

Como es de suponer, en este país es también objeto de atracción. El rey lo adquiere a cambio de una fabulosa fortuna y se lo obsequia a su hija menor. Al cabo de un tiempo, Gulliver le suplica a la princesita que lo lleve a nadar en la playa. Ella cumple con el pedido y lo lleva encerrado en una cajita.
En la playa, donde había una caseta para que Gulliver se cambie de ropa, la niña se distrae recogiendo conchas, en tanto el protagonista aprovecha la oportunidad para huir; voltea la caseta sobre las olas, se sube a horcajadas encima de ella y se hace a la mar agitando brazos y piernas, hasta desaparecer más allá del horizonte. Navega varios días a la deriva, hasta que avista las velas de un navío inglés que lo recoge a bordo.
Estas relatividades, propias de la fantasía, les fascina a los niños como los cuentos fantásticos, en los cuales se relatan las aventuras de personajes diminutos, cuyas moradas son una cajita, un sombrero o un zapato abandonado.
En el tercer viaje, Gulliver desembarca en el país de los científicos locos, donde existen computadoras que escriben libros de filosofía, poesía, política, jurisprudencia, matemáticas y teología. Esta sociedad tecnificada,                         actualmente real, pero para entonces utópica, que imagina Swift, no es otra cosa que una mordaz ironía a la tecnocracia y un miedo solapado ante la lógica de las máquinas, que a veces acaban siendo más perfectas e inteligentes que la mente humana.
Mientras está allí, ve la ruina provocada por la búsqueda ciega de la ciencia sin resultados prácticos, una sátira sobre la Royal Society de la época y sus experimentos. La Royal Society, es una de las sociedades científicas más antiguas del mundo con más de 350 años de existencia y sede en Londres. El tercer viaje de Gulliver, lejos del racionalismo de la época, es una manera de sumergirse en un mundo mágico que, años más tarde, inventaría Julio Verne.
En el cuarto viaje, Gulliver visita una isla habitada por caballos superdotados, que tienen un estándar cultural y ético superior al de los humanos. Al lado de estos caballos, que identifican su nombre en nobles relinchos, viven los Yahoos, quienes tienen una apariencia de bestias, una vida degenerada y un olor repugnante. Para Gulliver, los Yahoos no son humanos en su primera fase evolutiva, sino animales inferiores a los caballos.
De vuelta en casa, Gulliver se convierte en un ermitaño, evitando en lo posible a su familia, para pasar varias horas al día hablando con los caballos en sus establos,  a tal extremo que, sólo un año después de su retorno a Inglaterra, pudo comer por primera vez junto a su esposa e hijos.

El final de “Los viajes de Gulliver” rememora la frase del  filósofo griego  Diógenes el Cínico, quien fue el que dijo:” Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro". En este caso, Gulliver prefirió hablar con sus caballos que escuchar las incoherencias de los seres humanos.

Para algunos especialistas en literatura infantil, “Los viajes de Gulliver” constituye una obra que refleja el complejo de inferioridad y superioridad, y la misantropía casi enfermiza de Swift, quien, como pastor anglicano, fustigó con ironía las corrupciones humanas y dijo: “Odio y detesto a ese animal que se llama hombre”.


Con todo, los niños reconocen como suyos los viajes de Gulliver al país de los enanos y al país de los gigantes. Además, ya antes de que falleciera Swift, las dos primeras partes del libro fueron separadas del resto, con el propósito de preparar una edición exclusivamente destinada a los niños.

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