sábado, 24 de diciembre de 2016

CONMOVEDOR RELATO DEL PRIMER PESEBRE VIVIENTE



CONMOVEDOR RELATO DEL
PRIMER PESEBRE VIVIENTE
Hace ya 793 años, el 25 de Diciembre de 1223,  en la Navidad de ese año, en el pueblecito de Greccio, una pequeña población situada cerca de Roma, en Italia, se construyó el primer pesebre viviente navideño. Fue creado por San Francisco de Asís, el santo de la humildad y de la pobreza, fundador de la orden franciscana, quien lo llevó a cabo conmovido por el fervor que vio en Jerusalén para los festejos del nacimiento del Niño Jesús.
Francisco estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Con personas reales y animales vivos, y como un homenaje a la llegada de Jesús, el Santo invitó a todos los habitantes del lugar a integrarse a la escena viviente.
Un amigo de Francisco, el señor Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio, y en el bosque había una gruta que a Francisco se le parecía mucho a la cuevita donde nació Jesús, en los campos de Belén, y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.
Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo”, y juntos lo prepararon todo, en secreto, para que fuera una sorpresa para los habitantes del pueblo, niños y grandes.
Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas para que representaran a María, a José  y a los pastores, y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!
La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia empezaron a tocar solas…  ¡Tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial!… Pero nadie sabía qué estaba pasando… El Párroco del pueblo no había dicho que fuera a celebrar la  Misa del Gallo… la Misa de Medianoche….
Sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué estaba sucediendo… Entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba, y les indicaba que subieran donde él estaba.
Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado, y cuando llegaron quedaron tan admirados, que cayeron de rodillas, porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver. Era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos, muchos años, y se encontraran en Belén, celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos, y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores y pastoras, que no se cansaban de admirar al niño que había acabado de nacer.
Después, cuando todos se calmaron, el sacerdote del pueblo celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el Pan y el Vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una Misa en cualquier lugar del mundo.
Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad, y Jesús, “luz del mundo”, llenó sus corazones de paz y de amor.
Pronto, toda Italia imitaría el gesto. Fue, precisamente en Nápoles, donde se comenzó a fabricar figuras de barro alusivas a este evento, y desde entonces la fama de los "Nacimientos" y su costumbre se extendió por todo el mundo.
Tres años más tarde, Francisco de Asís murió, dejándonos esta hermosa costumbre de hacer el pesebre todos los años, que a todos nos gusta tanto.
El Papa Juan Pablo II, en 1.986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, proclamó a San Francisco de Asís Patrón Universal del Belenismo.

Esta tradición llegó a América por medio de los frailes franciscanos, y tuvo un gran desarrollo artístico, que perduró a través del tiempo con las más variadas representaciones, y que aún se conservan en Venezuela, especialmente en la región andina.

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