martes, 20 de diciembre de 2016

Hace veintisiete años LA CRIMINAL INVASION YANKI A PANAMA FUE UN EPISODIO DE POLITICA INTERVENCIONISTA



Hace veintisiete años
LA CRIMINAL INVASION YANKI A PANAMA FUE
UN EPISODIO DE POLITICA INTERVENCIONISTA
Hoy se cumplen 27 años de la criminal invasión Yanqui de los Estados Unidos a Panamá, el 20 diciembre de 1989.Algunas fuentes estiman que la sangrienta intervención dejó como resultado un saldo de entre 3.000 y 5.000 muertos como consecuencia de los bombardeos de “El Chorrillo”.
La  salvaje y cruenta agresión militar yanqui a Panamá fue un operativo  realizado por el ejército de Estados Unidos de América en el año 1989, que representó una de las mayores infamias de las muchas perpetradas por el imperio en América Latina y el Caribe.
La mal llamada operación “Causa Justa”, con una elevada cuota de víctimas civiles, evidenció que las acciones tuvieron un objetivo más amplio que el de actuar contra Noriega. Fue uno de los episodios más desgarradores y traumáticos de toda la historia panameña; sólo comparada con los horrores de la conquista hispana, la Guerra de los Mil Días entre los conservadores y liberales a fines e inicios de los siglos XIX y XX y la matanza de estudiantes por policías y soldados estadounidenses acantonados en la zona del Canal de Panamá el 9 de enero de 1964.
La situación del país fue el preámbulo para que el gobierno de los Estados Unidos montara una estrategia para cambiar de raíz el proceso político panameño. Para ello, el general Manuel Antonio Noriega le había proporcionado elementos justificadores para una intervención en el territorio de Panamá.
Poco a poco Noriega se había convertido en un dictador sumamente astuto, gozaba de un arte muy fino para la conspiración; además de acumular una enorme riqueza producto del negocio ilícito de las drogas. De esta forma, Noriega, antiguo amigo del gobierno norteamericano y agente de la CIA, cae víctima de sus propias conspiraciones y se hace enemigo número uno del gobierno de Estados Unidos.
Los incidentes militares eran deliberadamente provocados, George H. W. Bush (padre), en una conferencia de prensa de mediados de mayo, instó a las Fuerzas de Defensa a destituir a Noriega. Las razones dadas por George H. W. Bush para justificar la invasión fueron, proteger la vida de los ciudadanos norteamericanos que residían en Panamá, defender la democracia y los derechos humanos de los panameños, detener a Noriega para combatir el tráfico de drogas, y defender el tratado Torrijos-Carter sobre el canal.
La invasión estadounidense a Panamá, bajo el nombre de “Causa Justa”, significó, según expertos, un ensayo para el modelo de guerra total, sin importar el alcance del experimento. El interés estadounidense en Panamá siempre se ha enfocado hacia una cosa: la importancia estratégica del canal. Ha sido crucial para sus operaciones globales, como la penetración capitalista de Latinoamérica y Asia, y su capacidad de desplazar fuerzas militares agresivamente por todas partes del mundo.
Es bien sabido que el gobierno de Estados Unidos le arrebató Panamá a Colombia en 1903. Colonizó la zona del canal y llenó esa área de bases militares para que nadie, ni siquiera el pueblo panameño, pudiera sacarlo; y después de la Segunda Guerra Mundial instaló SOUTHCOM, el centro de comando de espionaje y contrainsurgencia para todo Latinoamérica.
Algunas fuentes estiman que la sangrienta intervención dejó como resultado un saldo entre 3.000 y 5.000 muertos como consecuencia de los bombardeos de El Chorrillo, y que aproximadamente 20 mil personas perdieron sus hogares y nunca fueron compensados.
Muchos de los muertos fueron incinerados, sepultados en fosas comunes en Panamá y probablemente en bases militares estadounidenses en Centroamérica, sin registros, sin controles, sin humanidad, sin una oración. Las víctimas de esta ofensiva fueron denominadas por el gobierno estadounidense como “daños colaterales” para evitar que la opinión pública del país se volviera en su contra.
Veintisiete años después de haber ocurrido este hecho trascendental de la historia latinoamericana, aún sus consecuencias son manifiestas en la sociedad panameña, sobre todo entre los miles de afectados por las heridas psicológicas y físicas de la guerra. La cifra real de los muertos tal vez nunca se llegue a saber, mientras a nivel oficial y gubernamental no se realice una investigación al respecto.
La invasión Yanki a Panamá es otro de los criminales episodios de la política guerrerista e intervencionista de los gobiernos imperiales de los EEUU, políticas que aún persisten  y que tienden a incrementarse en todo el planeta en un intento de escape de la profunda crisis que hoy atraviesa el sistema capitalista mundial.

Pero estas intervenciones no han podido doblegar la dignidad y la voluntad de los pueblos que resisten de todas la formas de lucha y que como en el caso de Irak se han convertido en un pantano y un callejón sin salida para los invasores.

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