sábado, 10 de diciembre de 2016

JUICIO DE RENNY OTTOLINA A LA TV VENEZOLANA SIGUE VIGENTE


JUICIO DE RENNY OTTOLINA A LA
TV VENEZOLANA SIGUE VIGENTE
A propósito de que hace hoy 88 años nació en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, Reinaldo José Ottolina Pinto ( Renny Ottolina), el todavía no superado e indiscutible mejor animador de la televisión venezolana, es oportuno recordar que el  22 de junio de 1980 salió publicado en el N° 346 de la “Revista Resumen”, en Caracas,  su controversial “Juicio a la Televisión Venezolana”, en el cual el  “Show Man” criollo puntualizó graves irregularidades de nuestra industria televisiva que lamentablemente se siguen presentando todos los días a través de la pantalla chica de los canales de televisión.
En el trabajo “COMO HA SIDO LA TV VENEZOLANA EN SUS 64 AÑOS” publicado por entregas en este mismo espacio en fecha reciente, decíamos que “sería Renny Ottolina, símbolo de la televisión en los cincuenta, sesenta y setenta, el gran vendedor de productos y vocero no oficial de la ideología capitalista, detrás de sus comentarios “espontáneos” sobre el acontecer nacional, quien formuló, dentro de su duro sesgo derechista, críticas sobre la televisión de los años setenta en su artículo: “Juicio a la televisión venezolana” (1978) del cual destaca, por encima de cualquier consideración fragmentaria sobre un problema de fondo, su predicción:
“…yo predigo que la televisión venezolana se irá hundiendo cada día más, en su mar de irresponsable vulgaridad, con la única consecuencia de provocar la intervención del Estado. Y tendrá que intervenir el Estado atendiendo el clamor de los hombres y mujeres responsables del país, que cada día hacen sentir más fuerte su voz de justa protesta…”
Pasarían casi 30 años para que la profecía se cumpliera, porque, la televisión, como el sistema al que sostenía, perdió el poder, cuando creyó haberlo conquistado”.
Porque Renny Ottolina fue el primer productor independiente que tuvo nuestro país, y su erudicción, aunada a su gran carisma, espontaneidad y creatividad, lo convirtieron en la voz más cotizada y con mayor credibilidad de la TV venezolana, quiero, sin más comentarios, publicar algunos fragmentos de su “Juicio a la Televisión Venezolana”.
“Al enjuiciar a la televisión venezolana lo hago como un espectador más. Siendo un medio de comunicación masiva y, como tal, sujeta al juicio público, quienquiera que vea televisión tiene derecho a enjuiciarla. En este derecho común a todo baso la autoridad de mi juicio. Que esa autoridad cuenta con los recursos que me da el ser un profesional de la televisión es otra cosa. Pero quiero dejar claro que, más que como Renny Ottolina, en este análisis me sitúo como un venezolano más que tiene televisor en su casa, que tiene esposa e hijos y tanto él como su familia ven televisión”.
“La televisión venezolana, hoy por hoy, no aporta lo que debiera a la cultura nacional. Es más, su influencia es, quizás, negativa. Para tener un punto de partida me veo obligado a comenzar por el final, que en caso de un juicio es el veredicto. Encuentro la televisión venezolana culpable de ignorar la dignidad de los habitantes de nuestro país. Paralelamente la encuentro culpable de desidia en su programación y de pecar de ligereza en cuanto a la responsabilidad que implica su inmenso poder.
Responsables por igual de esta situación: los patrocinantes, las agencias de publicidad y las estaciones de televisión. Conocido el veredicto y los culpables estudiemos las razones determinantes, y veamos cómo un principio razonable puede ser distorsionado por una miopía de la industria, hasta el punto de convertirse en causa del mal causado”.
“Hay que llegar al grueso del público... la televisión venezolana suelta entonces sus andanadas diarias de telenovelas donde las hijas se disputan el marido de la madre, la madres no saben quiénes son sus hijos o donde los hijos no saben quiénes son sus padres. Gracias a este concepto de la televisión surge el programa donde un hombre, impulsado por la necesidad o la ignorancia, no vacila en exponerse al ridículo a costa de su dignidad, a cambio de unos pocos bolívares”.
 “Hasta hace muy poco la televisión venezolana, no satisfecha con su esforzada labor hacia el descenso de los más elementales valores de la dignidad humana, consideró más que necesario, imprescindible, programar espectáculos filmados cuya base son el terror y la violencia, en horas cuando la televisión venezolana estaba absolutamente segura que habría más niños encendiendo televisores y, por lo tanto, aumentando el rating.
Pero si todo lo anterior fuese poco, las cuñas comerciales en su gran mayoría, acostumbran a los televidentes venezolanos a gritar, a hablar mal nuestro idioma, y a comprar algunos productos por la razón primordial de que son estímulos del sexo. Todo eso pagado muy a conciencia por las agencias publicitarias respectivas y programado muy a conciencia por las estaciones televisoras respectivas”.
“A mi entender, al pensar que las clases económico-sociales menos avanzadas sean, por su escasa o ninguna educación, básicamente estúpidas y vulgares es un gravísimo error. El ser humano tiene una tendencia natural hacia lo mejor. La televisión venezolana no estimula esta tendencia, si por el contrario, hace todo lo posible para desvirtuarla. El hecho de que una persona no haya recibido la educación a la cual tiene derecho, el hecho de que una persona no tenga la capacidad adquisitiva que ojalá tuviera, no hace de ella una persona vulgar, chabacana e indigna. Solo la hace desgraciadamente, pobre e ignorante. Pero la calidad humana sigue estando allí, al alcance de quien quiera estimularla”.
“La televisión tiene una influencia en el hogar mucho mayor que la de cualquier otro medio de comunicación masiva. Su fuerza es terrible. Esa fuerza implica una mayor responsabilidad. Quien no sabe asumir esta responsabilidad no está a la altura de la fuerza de la cual dispone. Es hora de que la televisión venezolana esté a la altura de su fuerza. Es hora de que la competencia entre estaciones cese en su lucha por demostrar quién puede ser el más vulgar de todos. Es hora que la competencia sea para ver quién puede lograr el mayor respeto, el mayor aprecio y el mayor cariño de la comunidad venezolana. Los patrocinantes no deben pagar programas donde haya situaciones que vayan en contra de la dignidad familiar ni aquellos que puedan deformar la percepción que los niños deban tener de la vida. Las agencias de publicidad tienen la obligación de no recomendarlos las estaciones de televisión tienen el deber de no producirlas”.
“Soy solo un venezolano más que tiene televisor en su casa y que con su familia ve televisión. Como tal creo hacerme eco del hombre pobre que quiere dejar de serlo si tan solo le dieran la oportunidad de saber un poco más de lo que sabe, y del hombre pudiente que tiene en sus manos la decisión final de este problema.

Ambos, estoy seguro coincidirán en pensar que nuestra televisión debe seguir el camino correcto para construir algo, de lo mucho que puede al mejoramiento de la comunidad venezolana. No es mucho pedir”.

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